La Asociación Balear de Danza Oriental celebró su primer aniversario con una exhibición en el Teatre Xesc Forteza con generosas dosis de fusión cultural
MATEU CUART. PALMA. Los velos, los brillantes, la música, los movimientos, el tintineo. Todo en la danza oriental está concebido para hipnotizar. Lo logró ayer en el Teatre Xesc Forteza, donde profesoras y alumnas se reunieron para felicitar por su primer cumpleaños a la asociación balear que las aglutina, en la que han impartido ya cursos profesionales como el egipcio Mohammed Tolba o Bokenza, que cuenta en su cartera de alumnos con la mismísima Shakira. Las caderas de la de Barranquilla seducen gracias a ella.
Víctor Uwagba abrió el espectáculo. Hombre y nigeriano, parecía no reunir los requisitos para subir en esta ocasión al escenario, pero las sinuosas danzas tribales y la percusión de la que se valió este bailarín y coreógrafo demostraron que el aparente abismo entre África y Oriente puede salvarse de una zancada en el primero de los múltiples guiños que la noche dedicó a la fusión.
Comenzaron a sucederse tras él nombres exóticos -Levana, Shaide, Leilah- y caderas bamboleantes en una exhibición de resistencia sin parangón ni concesiones, más que una breve pausa a mitad del camino.
El baile con un bastón dorado, ahora rotado, ahora chasqueado contra el suelo. El incienso portado en alto en un cuenco a modo de ritual, que hizo partícipe de la actuación a un nuevo sentido. Los juegos de sombras y seducción con un pañuelo amarillo. Los movimientos en la oscuridad de Moira, emulando el vuelo de un pájaro. Un baile a cuatro vientres. Cada actuación hacía más profundo el convencimiento de que hay mucha danza oriental más allá de la de los siete velos y animaba algo más a un público entusiasta desde el principio, con más féminas que hombres.
El segundo guiño a la fusión llegó con la voz de Maria del Mar Bonet sirviendo de banda sonora de una de las actuaciones, y aún habría otro con un tema, Abderrahin, en el que se encontraron voces árabes y latinas. "La unión está en la raíz, sólo hay que rascar para encontrarla", parecía ser el mensaje de la última actuación del primer aniversario de una asociación presidida por Carolina Soriano, que se propone acercar a las mujeres interesadas la cultura de oriente con un sinfín de actividades que incluyen clases de danza y cursos de tatuajes o de crótalo.